Problemas de ansiedad

de del

¿Qué es la ansiedad?

Se trata de uno de los problemas más comunes y frecuentes en nuestra sociedad. Vivimos en una sociedad muy exigente y acelerada. Las altas demandas del medio, el perfeccionismo y muchas más variables pueden desembocar en un gran malestar, sensación de falta de tiempo y emociones negativas como la desesperanza o la frustración.

Pero en realidad es una respuesta adaptativa que nos prepara para la acción ante un peligro inminente con el fin de poder solucionarlo. Lo que ocurre es que muchas veces se da la respuesta ante situaciones que no son peligrosas para nuestra supervivencia, durante muchas veces al día, a la semana o al mes o a una intensidad muy desproporcionada con el suceso que la desencadena. Por ejemplo, ante una demanda del medio puedo estar constantemente activándome, sobre todo, en forma de pensamientos que nos bombardean y no sabemos cómo parar.  Por lo que se vuelve desbordante y tremendamente incapacitante, provocando problemas de salud.

¿Cómo saber si sufro de ansiedad?

La ansiedad se manifiesta por tres sistemas de respuesta distintos, con sus correspondientes síntomas:

Por un lado, pueden aparecer síntomas cognitivos que sería todo lo que ocurre en nuestra mente en forma de pensamientos de:

  • Inseguridad
  • Miedo o temor.
  • Aprensión.
  • Anticipación constante de un peligro o amenaza.
  • Dificultades de concentración, atención y memoria.
  • Dificultad a la hora de tomar decisiones.
  • Inquietud constante.
  • Sensación de vacío.
  • Sensación de vivir con una preocupación continúa.
  • Incertidumbre
  • Ganas de huir o atacar, estando muy irritable hacía todo.
  • Una sensación general de desorganización o pérdida de control sobre el ambiente y sobre sus actos. Sentir como que no “eres tú”.
  • O, bombardeo constante de pensamientos negativos acerca de inferioridad, incapacidad o no poder con nada, tendencia a recordar los acontecimientos negativos o desagradables…

Otro sistema de respuesta por el que se manifiesta es el fisiológico o lo que siento el mí cuerpo, que en el fondo es una preparación biológica para afrontar la situación, estos son:

  • Síntomas cardiovasculares: taquicardia, pulso acelerado, hipertensión, accesos de calor, sobre todo, en la cara…
  • Síntomas respiratorios: sensaciones se sofoco, ahogo, respiración muy superficial y acelerada, presión torácica…
  • Síntomas gastrointestinales: náuseas, vómitos, una especie de “nudo” en el estómago, diarrea, aerofagia, molestias digestivas…
  • Síntomas genitourinarios: muchas ganas de ir al baño, micciones frecuentes, pérdidas de orina o incapacidad para aguantar las ganas, eyaculación precoz, frigidez o impotencia.
  • Síntomas neuromusculares: tensión y rigidez muscular, temblores, hormigueo en las extremidades, dolores de cabeza muy continuos, fatiga excesiva o cansancio.
  • Síntomas neurovegetativos: sensación de sequedad de boca, sudoración excesiva, sensación de estar mareado o de inestabilidad.
  • Si se mantiene mucho en el tiempo y de forma intensa pueden aparecer problemas en el dormir, en la alimentación y en la respuesta sexual.

Y, por último, el tercer sistema de respuesta es el motor, que son las conductas que realizamos, lo observable a primera vista, entre otras las más típicas son:

  • Hiperactividad con una gran dificultad para estarse quieto o en reposo.
  • Hipervigilancia, es decir, una sensación de estar todo el día en estado de alerta.
  • Impulsividad, hacer las cosas sin pensar, lo primero que se le ocurre.
  • O, por el contrario, paralización motora, la sensación de no poder moverse aunque se quiera.
  • Quedarse bloqueado ante distintas situaciones o responder con movimientos torpes y desorganizados.
  • En el habla puede aparecer tartamudeo u otras dificultades de la expresión verbal.
  • Conductas de evitación, es decir, dejar de hacer actividades o de visitar lugares que nos generen ansiedad. Creando al final una generalización excesiva a múltiples situaciones. Este síntoma es el más incapacitante y aparece con mucha frecuencia.
  • Se producen también cambios en la expresión y en el lenguaje corporal, como posturas cerradas, rigidez, movimientos torpes de manos y brazos, tensión en las mandíbulas (Bruxismo), cambios en la voz, etc.
  • Ingesta o conductas adictivas compulsivas, como por ejemplo, fumar o beber más cómo mecanismo de reducción de la ansiedad.

No hay que subestimar  la gravedad de los síntomas y las repercusiones que la ansiedad puede tener en nuestro organismo y en nuestra calidad de vida. La ansiedad puede generar una gran interferencia y dificultades en nuestra vida diaria y cotidiana.

¿Cómo se trabaja en problemas de ansiedad?

La información y el conocimiento del funcionamiento de la ansiedad son puntos clave y fundamentales en su tratamiento. Conocer cómo funciona, por qué la padezco, en mi caso concreto, y la evaluación de las variables intervinientes son un gran comienzo en la mejora de dichos problemas.

Una vez comprendido el proceso, desde una orientación cognitivo-conductual, y siempre realizando un plan individualizado de trabajo, se elegirán las técnicas que han demostrado su eficacia empíricamente en la mejora de esta problemática. Además, dado que la ansiedad afecta e interfiere en otras áreas de nuestra vida, será necesaria una evaluación específica del caso para llevar a cabo el tratamiento más eficaz y efectivo, trabajando en todas las áreas afectadas y eliminando los síntomas antes expuestos.

¡No dejes que la ansiedad sea la protagonista de tu vida!