Problemas de dolor crónico

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El dolor crónico es una de las peores condiciones a las que se tiene que enfrentar una persona. La comprensión científica del dolor va evolucionando rápidamente. En el pasado se pensaba que su presencia implicaba siempre la existencia de un daño físico, no obstante, en la actualidad se ha descubierto la importancia que tienen las consecuencias de la vivencia del dolor. Este hecho es así dado que el dolor genera importantes reacciones emocionales que pueden potenciar el sufrimiento que lleva asociado. Pero, además, si el dolor se hace crónico puede tener un impacto devastador en todas las áreas vitales de la persona que lo sufre:

  • En el área laboral debido a que puede afectar a la capacidad de trabajo, lo que conlleva un sentimiento de inutilidad y los problemas económicos asociados.
  • En el área social se disminuyen las relaciones sociales tanto con los amigos cómo con los allegados por no encontrarse bien.
  • En el área familia o de pareja no se pueden cumplir las expectativas de nuestros seres queridos creándose mucha tensión y aislamiento.

En sí, lo peor es que muchas personas con dicho problema se plantean el para qué y el por qué vivir. Todos tenemos la experiencia de que el dolor es pasajero y controlable, sin embargo, cuando aparece un dolor crónico y persistente, que no se pasa, nuestra concepción del mundo se tambalea.

¿Cuándo se considera que hay un problema de dolor crónico?

El dolor crónico es una sensación de malestar que dura más de seis meses y que no responde a las terapias convencionales para su control, cómo son la cirugía, medicación, reposo, fisioterapia u otros medios. Cuándo se llega a esta etapa se puede considerar que el dolor ha dejado de ser un síntoma para convertirse en una enfermedad y una forma de vida para quienes lo padecen.

Muchas personas sufren de esta dolencia sin que existan lesiones previas ni evidencias de la existencia de una enfermedad lo que hace más complicado su tratamiento y empeora la calidad de vida de dichas personas. Supone el 53 % de todas las causas de incapacidad laboral total, el 18% de las incapacidades absolutas y el 14-15% de las incapacidades laborales transitorias (Sociedad Española de Dolor, SED). Además, esta patología se convierte en un problema cuándo empieza a interferir gravemente en diferentes áreas de la vida cotidiana de la persona, desde el ámbito laboral hasta el familiar y social, lo que lleva a estos pacientes a desarrollar síntomas de depresión y ansiedad, agravando aún más el problema.

¿El dolor tiene un componente psicológico?

Efectivamente, sí. Todo dolor tiene un componente psicológico. De hecho, os dejamos  la definición de dolor por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor: “El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada con una lesión presente o potencial o descrita en términos de la misma”. En la  que se incluye de forma explícita el componente emocional, y por tanto psicológico, del dolor.

¿Cuáles son las reacciones emocionales asociadas al dolor?

El dolor, como cualquier emoción, tiene la función de avisarnos para que hagamos algo que consiga reparar el daño físico que pensamos que lo genera. El dolor es una sensación generalmente muy desagradable  y amenazante. Por eso, una reacción natural en todas las personas es el miedo al dolor,  miedo, además, adaptativo porque nos impulsa a evitarlo y eliminarlo. Pero no siempre una reacción de miedo nos lleva a un comportamiento adecuado. Por ejemplo, para que no nos duela algo nos estamos quietos, nos metemos en la cama y nos quedamos inmóviles, dejando de hacer muchas cosas que nos hacían la vida más agradable, a veces más allá de lo estrictamente necesario.Dolor crónico tratamiento psicológico

Cuándo se padece de dolor crónico, en muchas ocasiones, nuestra lucha por evitar el dolor se convierte en un esfuerzo inútil. Al final, se queda un mal sabor de boca por un fuerte sentimiento de fracaso, generándonos mucha importancia e irritabilidad, que influye en nosotros y en las personas que nos rodean. Cuándo va pasando el tiempo en esta situación vemos que no es posible acabar para siempre con él y podemos caer en una depresión.

La persistencia del dolor nos puede producir ansiedad social. Impidiendo nuestra actividad cotidiana lo que hace que no nos sintamos útiles y necesarios. Pero si nos esforzamos en luchar contra ello, podemos llegar a intentar mantener niveles de actividad similares a los que teníamos cuando no sentíamos dolor, muy por encima de nuestras posibilidades actuales, aunque con limitaciones.

¿Qué diferencia existe entre dolor y el daño físico?

El dolor suele estar asociado a la percepción de un daño que se ha producido en nuestro cuerpo. Es decir, el dolor es la percepción del daño. Pero es muy importante resaltar que  entre el daño y el dolor intervienen una serie de factores de tipo psicológico.  En sí, en circunstancias normales, sabemos que no todos sentimos el mismo dolor ante una herida similar, hay personas que lo soportan mejor que otras e, incluso, en nosotros mismos unas veces lo aguantamos mejor que otras dependiendo de nuestro estado de ánimo.

Otro concepto para saber por qué hay que acudir a un psicólogo cuándo tengo dicho problema, es la diferencia entre el dolor y el sufrimiento: El sufrimiento, cómo tal,  es una reacción afectiva producida por un estado emocional. Por ejemplo, sufrimos con la pérdida de un ser querido o con el miedo a que a nosotros o alguien allegado nos ocurra una desgracia.

La reacción emocional asociada al sufrimiento puede ser mucho más intensa e insoportable que un fuerte dolor físico, os proponemos una pregunta: ¿cuantos no preferiríamos un fuerte dolor de muelas al sufrimiento de una pérdida importante? Pues el propio dolor puede generar una reacción afectiva que incrementa el sufrimiento asociado a él, lo que conlleva una serie de sentimientos insoportables que se mezclan y se hacen indistinguibles del propio dolor más físico.

En sí, el dolor nos lleva a empeorar nuestra relación con las personas que nos rodean, a no poder realizar nuestras actividades favoritas o a no poder trabajar, en definitiva, a estar peor físicamente. Por lo tanto, el sufrimiento que está asociado es mucho mayor que el que corresponde solamente al daño físico que lo genera inicialmente.

¿Por qué se mantiene y empeora el dolor crónico con el paso del tiempo?

Se produce un círculo vicioso por los intentos de eliminar el dolor, que no solamente no solucionan el problema, sino que lo empeoran. En sí, uno de los objetivos prioritarios de la intervención psicológica es la ruptura de estos círculos:Dolor crónico tratamiento psicológico

  1. Por un lado, la lucha contra el dolor se libra en nuestro propio cuerpo y en él generamos cambios para conseguir disminuirlo. Modificamos nuestra respiración, nuestra postura, etc. con el fin de soportarlo. En muchas ocasiones lo conseguimos, no obstante, estas conductas mantenidas en el tiempo acaban incrementando el problema y amplían el impacto del dolor.
  2. Otro es que la lucha nos puede llevar a un estado de ansiedad y de depresión que a su vez potencia las sensaciones dolorosas, debido a la sensación de fracaso ante los intentos de acabar con el dolor.
  3. Además, hay que resaltar que aunque no lo queramos muchas veces el dolor tiene ganancias secundarias cuando nos evita hacer determinadas cosas que no nos gustan o conseguimos atención de las personas queridas. Pero estas esas “ganancias” son una trampa, ya que están deteriorando nuestras capacidades personales y no nos permiten olvidar el dolor y dedicarnos a otra cosa, por tanto nos impiden superarlo.
  4. Y, por último, hay que mencionar los cambios sociales que incrementan notablemente el estrés, dado que si queremos mantener nuestra actividad necesitamos más esfuerzo.

¿Cuál es el papel del psicólogo? ¿Cómo trabajamos en problemas asociados al dolor desde el Centro MMG?

Hay que dejar muy claro que el problema principal, a nivel psicológico, no es el dolor, sino que este arruine nuestra vida ocasionándonos más problemas, como pueden ser problemas de familia, pareja, trabajo, amistades, tiempo libre, ansiedad, depresión, insomnio, etc. Y es muy fácil que lo haga debido a los círculos viciosos que hemos comentado anteriormente.

Desde MMG siempre realizamos una evaluación del caso para saber cuáles son las variables que están influyendo en el problema con el fin de realizar un programa individualizado para mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes, se trata de un par de sesiones en las que evaluamos el origen, el desarrollo y el mantenimiento del problema en el caso particular.

El objetivo principal es aceptar el dolor, abrirse a la experiencia e incorporarlo en su propio autoconcepto, tanto al dolor como las limitaciones que genera, y a pesar de ello encontrar un sentido a su vida. Usamos la terapia cognitivo conductual por tener suficientes herramientas para poder enfrentarse con éxito a esos problemas. Siendo técnicas que han demostrado su eficacia de forma científica. Algunas de ellas son:

  1. Técnicas de relajación con el fin de dotar de estrategias que quiten las tensiones dañinas de nuestro cuerpo.
  2. Técnicas de distracción y focalización de la atención. Es necesario distraerse del dolor pero no suele ser nada fácil, por ello es necesario un entrenamiento profundo que requiere técnicas especiales.
  3. Técnicas cognitivas como son la reestructuración o la terapia racional emotiva con el fin de enfrentarnos a nuestros pensamientos y sentimientos de forma racional y de manera eficaz.
  4. Técnicas operantes para mejorar las actividades agradables que realizamos con el fin de recuperar el límite actual de nuestras capacidades.
  5. Técnicas asertivas y de habilidades sociales para enfrentar los cambios sociales derivados de nuestras nuevas limitaciones.
  6. Ejercicios de hipnosis que indicen directamente en los mecanismos psicológicos de nuestra percepción del dolor.

La psicoterapia cognitivo conductual ha demostrado su eficacia en el tratamiento del dolor crónico por medio de ensayos clínicos controlados. Pero lo más importante es que es el tratamiento de elección de problemas de ansiedad y depresión, muy asociados a consecuencia del dolor, que incrementan su efecto.