Problemas o disfunciones sexuales

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En el área clínica los problemas sexuales se denominan disfunciones. Estas abarcan diferentes formas de incapacidad para participar en una relación sexual deseada. Según cada caso puede tratarse de una falta de interés, una imposibilidad de sentir placer, un fracaso en la respuesta fisiológica necesaria para la interacción sexual o una incapacidad para controlar o sentir el orgasmo.

En el caso de los hombres llegan a consulta con las siguientes disfunciones sexuales:

  • Disfunción eréctil: es un trastorno de la excitación en el cuál aparece una incapacidad para conseguir o mantener una erección con la suficiente rigidez como para llevar a cabo relaciones sexuales satisfactorias. Existe una prevalencia en España del 12,1 – 19 % de personas con dicho problema. Las causas que lo provocan y lo mantiene son tanto la conjunción de factores orgánicos cómo psicológicos y actitudinales. Actualmente, existen desde tratamientos farmacológicos (PDE 5, Viagra, Cialis, Levitra), terapia intracavernosa con drogas vasoactivas (prostaglandina E1), dispositivos de vacío como tratamiento psicológico. Siendo la recomendación actual la terapia combinada, de fármacos junto con la psicológica.
  • Eyaculación precoz: caracterizada por una eyaculación persistente o recurrente como respuesta a una estimulación sexual mínima antes, durante o poco después de la penetración y antes de que la persona lo desee. Se da en el 15 – 40 % de los hombres. En su origen existe una confluencia de múltiples factores pudiendo ser de origen fisiológico como por constitución neurológica, por enfermedad física, por lesión, o de origen psicológico por trastornos emocionales, por angustia, por trastornos de la relación o por déficit de habilidades psicosexuales. El objetivo fundamental de la intervención psicológica es favorecer una respuesta eyaculatoria satisfactoria para la persona y su pareja, basada en expectativas reales y que permita una relación y un desempeño sexual gratificante.

Los recursos terapéuticos disponibles son el farmacológico por medio de antidepresivos ISRS (fluoxetina, paroxetina, sertralina) o tricíclicos, lo único que estos últimos provocan mayores efectos indeseables o el tratamiento psicológico en el que se usaran tanto estrategias individuales como en pareja, siempre que se pueda.

  • Trastornos orgásmicos masculinos (eyaculación retardada, retrógrada y aneyaculación): característicos por la ausencia o retraso del orgasmo tras una fase de excitación sexual normal, en el trascurso de una relación adecuada en cuanto a tipo de estimulación, intensidad y duración, provocando un malestar acusado o dificultades en las relaciones interpersonales. La prevalencia es de un 4 – 10 % de los hombres con problemas sexuales.

En su origen pueden estar involucrados factores orgánicos (alteraciones anatómicas de las vías seminales, lesiones neurológicas, hormonales, efectos secundarios de fármacos o diabetes) y psicológicos (miedos sexuales, inseguridad, problemas de pareja o ansiedad de desempeño). La intervención recomendada, en la actualidad, es la psicológica siendo el objetivo fundamental la modificación de los aspectos psicológicos facilitadores del problema. Se busca que el hombre progrese en una secuencia de eyaculación progresiva.

Trastorno del deseo sexual hipoactivo: es la disminución del interés o el deseo por las relaciones sexuales. Este problema tiene un fuerte impacto emocional, sin embargo parece que su incidencia no es elevada. Según estudios su origen está muy relacionado con una disfunción sexual previa, una percepción inadecuada o por creencias irracionales sobre la sexualidad.

En el caso de las mujeres las disfunciones sexuales, más predominantes, son:

  1. Trastornos del deseo: es complicado precisar tanto la incidencia como la prevalencia, sin embargo, según estudios hay una estimación aproximada del 10 % de la población femenina. En cuanto a su origen son muchos y variados los determinantes que pueden influir tanto de tipo orgánicos como afecciones generales (alcoholismo, ingesta de fármacos o drogas) o trastornos endocrinológicos (hipogonadismo y hiperprolactinemia) . Cómo de tipo psicológico pudiendo ser por la evolución de otra disfunción no superada, por conflictos de pareja, trastornos emocionales, déficit de autoestima, historia sexual pobre y poco gratificante, factores estresantes, antecedentes de experiencias traumáticas, condicionantes educativos o por rutina o monotonía sexual.

En cuanto al tratamiento de dichos problemas el planteamiento general es favorecer la comprensión de las causas generadoras y mantenedoras del problema, eliminar la ansiedad anticipatoria y el miedo a un nuevo fracaso; así como reconocer y modificar las conductas evitativas. Por otro lado, es recomendable favorecer la confianza y seguridad en una misma y en la pareja, así como el aprendizaje de habilidades para la intimidad y, por último, construir una estructura de pensamientos y cogniciones positivas de la sexualidad.

Dentro de este apartado se contemplan las siguientes problemáticas:

  • Deseo sexual hipoactivo: caracterizado por la disminución o ausencia de fantasías y deseos de actividad sexual de forma persistente o recurrente provocando malestar acusado o dificultades de relación.
  • Trastorno por aversión al sexo: rechazo y evitación extrema hacia todos, o prácticamente todos, los contactos sexuales genitales con una pareja, provocando un gran malestar.
  • Trastornos de la excitación sexual: incapacidad, persistente o recurrente, para obtener o mantener la respuesta de lubricación propia de la fase de excitación hasta la terminación de la actividad sexual.
  1. Trastornos del orgasmo o anorgasmia: se caracteriza por la ausencia o retraso, persistente o recurrente del orgasmo tras una fase de excitación normal. La prevalencia es de entre el 5 y el 10 % de los casos de disfunciones. Puede darse que nunca se haya conseguido el orgasmo, ni en pareja ni por autoestimulación (primaria), que habiendo experimentado orgasmos dejen de tenerlos, siendo muy frecuente una causa médica o conflictos en la pareja (secundaria), que sólo se dé el orgasmo ante una serie de factores y determinadas situaciones (situacional) o la incapacidad para alcanzarlo independientemente de las circunstancias o factores (general).

El origen puede ser por factores orgánicos o psicológicos, o la combinación de ambos. En cuanto a las causas físicas sólo se dan en un 5 % del total de las personas con este problema y pueden ser: trastornos neurológicos, vasculares, endocrinos metabólicos, enfermedades graves o debilitantes, alteraciones anatómicas locales o por fármacos. Las psicológicas parece que están muy relacionadas con dicho problema y pueden ser desde una mala educación sexual, la influencia de nuestra cultura, sentimientos negativos respecto al sexo, hacia una misma o hacia la pareja, experiencias traumáticas, trastornos emocionales, observación obsesiva de sí misma durante la fase de excitación como  el miedo a perder el control en sí.

El plan de intervención ira destinado a conseguir una conducta sexual satisfactoria, implicar a la pareja si se puede, mejorar la información sexual y superar aspectos deficitarios o erróneos, modificar actitudes y cogniciones que mantienen la anorgasmia y aportar habilidades para incrementar la satisfacción sexual. Es muy importante la comunicación entre la pareja, comenzando por cosas sencillas.

  1. Vaginismo: se sufre de vaginismo cuándo se produce un espasmo o contracción involuntaria de los músculos que rodean el tercio externo de la vagina impidiendo o dificultando la penetración. El espasmo no se asocia a dolor inicialmente; sólo es doloroso al intentarse la penetración. Se estima que la puede padecer sobre un 2 % de la población femenina, a cualquier edad, y su causa es psicógena en el 99 % de los casos. El origen está muy relacionado con un proceso fóbico asociado al miedo a la penetración. Y cómo mantenedores del problema intervienen el papel de la pareja y la ansiedad ante la próxima penetración.

Recalcar el hecho de que en caso de que existan causas físicas como patología y alteraciones del himen, inflamaciones de la vagina, prolapsos, edometriosis y endometritis, tumores o secuelas secundarias a su tratamiento, ya no podemos hablar de vaginismo.

  1. 4. Dispareunia: etimológicamente significa “coito doloroso, difícil o malo”. Es la existencia de dolor persistente o recurrente en los genitales durante la relación coital. Aunque se hable de dolor puede aparecer en forma de escozor, desgarro, ardor, quemazón, picor o desagrado. Puede ocurrir al inicio de la penetración, después de la misma o durante. A diferencia del vaginismo, la mayoría de las causas son orgánicas.

En caso de que el origen fuera psicológico puede ser debido a que exista vaginismo, deseo sexual hipoactivo, a factores educacionales (mala educación sexual), traumáticos o relacionales.

¿Cuál puede ser su origen?

Dado que la respuesta sexual es un proceso psicosomático, lo normal es que en el origen estén implicados tanto factores psicológicos como somáticos. Por lo que siempre es conveniente antes de acudir a un psicólogo realizar una exploración física para descartar problemas de índole orgánica o consumo de sustancias.

Frecuentemente las personas que presentan algún tipo de disfunción sexual, especialmente disminución del deseo o trastornos de excitación, achacan su problema a agotamiento físico, estrés, condiciones sociales o laborales difíciles, problemas de pareja, abuso de alcohol o efectos secundarios de una medicación. No obstante, hay que realizar una evaluación por si existieran factores de riesgo cardiovascular, enfermedades médicas o trastornos emocionales concomitantes.

¿Cómo trabajamos con problemas sexuales?

Desde el inicio recomendamos una evaluación de diversas áreas de la persona como son la médica, psicológica, social, sexual y relacional de la persona implicada. La evaluación debe servir para realizar un diagnóstico etiológico, que establezca las causas físicas o psicológicas predominantes, conocer los factores favorecedores y valorar el tipo de intervención posible, así como la motivación.

La intervención psicológica sirve para resolver las dudas ante el problema, detectar y corregir los mitos y expectativas irracionales que se tiene acerca de la relación sexual y aportar estrategias y técnicas sexuales para la mejora de la disfunción concreta y en el caso individual que acude a consulta.

La principal ventaja de la intervención psicológica a la farmacológica es que permite la modificación de los factores tanto desencadenantes como mantenedores de la disfunción y facilita la intervención con la pareja.